Entre monstruos te veas: Entrevista a Juan Gedovius

 (Cutzi L. M. Quezada)

Juan Gedovius es un ilustrador autodidacta que ha dedicado gran parte de su trabajo a la ilustración de libros infantiles y juveniles. Su más reciente proyecto es una versión propia de El principito, un clásico que muchos de nosotros disfrutamos y que aún las nuevas generaciones continúan leyendo. En LIJ Ibero tuvimos la oportunidad de platicar con él sobre los nuevos retos en su carrera, su proceso creativo y su más reciente travesía en el mundo ilustrado.

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LIJ Ibero: Hablando de tus imágenes, vemos que son monstruosas y es un estilo de personajes raros, diferentes. ¿Cómo es que creas estos personajes que se salen un tanto de la noción de la noción romántica de la LIJ?
Para empezar, el estilo es una cosa que se va construyendo. No se nace con el estilo. Se va construyendo con el trabajo mismo.
Sí tienden a ser monstruosas. No me gusta pensar que las ilustraciones infantiles tengan que necesariamente ser lindas porque son para niños y niñas. Los niños están acostumbrados a otras cosas, ven y califican al mundo de otra manera. Para mí, de hecho, no debería haber una distinción para niños y para adultos. Lo que no existe a cierta edad son ciertos referentes vivenciales. Va a depender de tu entorno. Un niño que en un lado podría tener 13 años y está jugando a las canicas en otro lado tiene un arma y tiene que pelear. Es increíble como de comunidad a comunidad ese parámetro cambia.
Los monstruos son una manera muy interesante de metaforizar. No te identificas con la ilustración de la niña del pelo negro porque tienes el pelo de otro color, pero ves un monstruo horripilante y automáticamente eres tú. Como que te da chance de verdaderamente meterte en esa piel prestada de tinta.

LIJ Ibero: Entonces, ¿observas la diferencia de los ‘otros’ y la expresas pintando monstruos?
JG: No me gusta pensar eso. Yo no hago libros pensando en que los hago para cierta edad, cierto extracto económico, para cierto tipo de cultura. Para mi son multidireccionales. El problema cuando le pones el nombre de “libros para niños” es que, por miedo al que dirán o por cosas que vamos cargando históricamente, nos da miedo o pena decir que estoy leyendo un libro para niños. Se piensa que es algo menor y se dice ‘cómo voy a exponer mi nivel lector a eso’. La verdad es que es una tontería, un cliché que vamos arrastrando que no tiene ningún caso.

LIJ Ibero: ¿Siempre quisiste ser ilustrador?

JG: No, porque el término no existía. Hoy en día es muy raro que no tenga que dar una larguísima explicación de a qué me dedico cuando me lo preguntan. Termino por decir que soy un pinta cuentos; últimamente me gusta acuñar el término de acomodador de manchas, quitando todo el glamour que pueda tener.
Realmente estuve en el lugar preciso para enterarme de una profesión que no tenía por qué enterarme. Creces y quieres ser licenciado, futbolista o Superman, nunca ilustrador de libros para niños. Es una profesión que no tiene una carrera. Si bien no es algo que se sea academizado lo suficiente tiene un pequeño detalle: abreva mucho el cariño y el compromiso que se tiene con los mismos lectores.

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LIJ Ibero: ¿Cómo es que te volviste ilustrador: como una pasión o una vocación?
JG: No sólo es una pasión, y no estoy seguro que sea una vocación. En mi caso, yo hacía muchas cosas. Estudié música, hacía museografía que es otro término que siempre tengo que explicar: son todas aquellas personas que se dedican a planear exposiciones. Empecé como con un trabajito hace 20 años. Se estaban solicitando ilustradores para una colección que estaba creciendo [A la orilla del viento]. Yo dije: ¿por qué no? Empezaba esa colección, yo tenía cercanía con el FCE porque hacía museografías y otras cosas para ellos. De repente me sorprendí volteando para atrás y viendo que había cuatro, cinco o seis libros. Y pasó que cuando mire haca atrás ya era un ilustrador.

LIJ Ibero: ¿Piensas en el lector cuando vas a hacer las ilustraciones? ¿Cómo es tu proceso creativo?
JG: Cada libro tiene su camino y su momento. Nunca estoy pensando en el lector. En el momento en que uno se vuelve complaciente, te vuelves sintético porque nunca vas a poder complacer a todos. Yo me divierto mucho haciendo mis libros y espero que ese gusto que me dio al hacerlo se reciba a la hora de leerlo.
Quiero hacer algo inteligente porque no me gusta subestimar a los niños. Por ejemplo, ahora estoy armando un libro con décimas que te obligan a ser sagaz con lo que estás diciendo porque son complicadas, requieren de palabras más complicadas. Prefiero hacer libros que dejen más preguntas que respuestas.

LIJ Ibero: ¿Cómo estás sintiendo este proceso entre lo que buscas expresar en texto y lo que quieres expresar en imagen o en texto-imagen?
JG: Van de la mano, no están divorciados. Se hacen de la misma manera, se construyen similar. Muchas veces puedes crear una serie de imágenes, como la serie de Trucas, que narran una historia y a la hora de meterle un texto resulta que te dio mucho más material para ilustrar que no te habías imaginado de otra manera y al revés. Creo que se enriquece pero el proceso es el mismo. Estoy muy contento con los libros que he hecho que no tienen ni una sola palabra. Este que estoy haciendo originalmente era sin palabras, pero al incluirlas, resultó que se enriqueció de muchas maneras. Hizo un poco más rico el proceso.

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LIJ Ibero: ¿Cuáles fueron los retos al hacer El principito? ¿Cómo fue darle tu propio sello?
JG: El principito es un libro que yo jamás hubiera hecho. Pero cuando fue una propuesta y quisieron que yo lo hiciera dije ‘sí, si lo van a hacer de todas maneras yo quiero ser parte’. Me gustan los retos, me gusta reinventarme. Nunca había hecho clásicos. Es justamente darle mi propio sello porque esta tan sobada, tan hecha y ha sido tan icónica que aún las ilustraciones siento tan malas se volvieron entrañables por costumbre de un imaginario colectivo que ya es así. Creo que para mi romper con eso fue lo más difícil. Lo hice a mi manera porque no iba a hacer algo que ya está muy hecho.

LIJ Ibero: ¿Cuál libro que hayas ilustrado es para ti el más significativo?
JG: Cada libro tiene una parte de mi corazón. En general no me gusta meterme en un proyecto si no lo hago mío y me encariño. Con El principito aprendí a querer el proyecto a través de mi trabajo con él. Entonces, en ese aspecto no suelto nada si no siento que esté listo. Aparte, ya tengo un público que me reclama. Vuelvo al respecto a mis lectores a los que van a buscar qué hay de nuevo. Me gusta estar en contacto absolutamente directo, platicar, hacer talleres, jugar con ellos. En ese azar no sólo aprendo muchísimo, también, recibo la retroalimentación que no me da ningún editor, ningún número frío de ventas, ningún crítico.

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