Migrar, siempre migrar

(Laura Guerrero Guadarrama)

Los poetas son los grandes artífices de la palabra, ante sus poderes se doblegan los significados y florecen las sonoridades, ellos miran más allá, en lo profundo y en lo infinito. Comprenden nuestra alma, quizá mejor que nosotros mismo, saben de nuestras nostalgias, deseos y temores y al nombrarlos nos quitan la venda de los ojos. Ellos nos hablan de nuestras dolorosas migraciones, de nuestros constantes cambios y mutaciones. Somos migrantes en el mundo, el primer abandono lo hacemos al nacer, atrás queda el cálido vientre materno y nos lanzamos al enigmático y difícil viaje de la vida. Cada etapa de nuestra existencia es un cambio, dejamos lo que fuimos y llegamos a nuevas tierras con experiencias distintas. Escribió el gran Neruda:

¿Dónde está el niño que yo fui,

Sigue dentro de mí o se fue?

¿Sabe que no lo quise nunca

Y que tampoco me quería?

¿Por qué anduvimos tanto tiempo

Creciendo para separarnos?

¿Por qué no morimos los dos

Cuando mi infancia se murió?

(“¿Dónde está el niño que fui?” cit. en Cerrillo 98)

Miguel Hernández también habla del dolor y la nostalgia de esa  época de luz cuando le escribe a su hijo desde la cárcel:

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne es el cielo

recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

(“Rueda que irás muy lejos” de Cancionero y romancero de ausencias. Cit. En Cerrillo 104)

No perdemos del todo la infancia pues es la parte en la que pervive el asombro, quizá es la raíz de la creatividad y también tiene que ver con lo inasible, aquello que no podemos retener o atrapar, que vislumbramos brevemente, y que añoramos siempre.

Así, la infancia es lo que no alcanzamos a tocar pero nos esforzamos por hacerlo mediante diversos recursos como el arte, en una vívida nostalgia de su presencia franca y abierta. Memoria que es nostalgia y recuerdo: “Era inevitable: como Merleau-Ponty, yo tampoco podré nunca curarme de mi incomparable infancia” (Savater p. 15 en La infancia recuperada).

Obras citadas:

Cerrillo, Pedro C. (ant.). ¿Dónde está el niño que yo fui? Poemas para leer en la escuela. Madrid: Akal, 2004.

Savater, Fernando. La infancia recuperada. Madrid: Taurus, 1985.

 

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