Nacho en los senderos mágicos de la LIJ

(Laura Guerrero Guadarrama)

Nachito Padilla ha partido, de súbito y sin aviso alguno, su repentina ausencia ha sido un duro golpe que nos ha conmovido y conmocionado. Volveremos a sus libros para gozar y reflexionar, para escuchar su voz amable e incisiva, para atender sus palabras que nos abren la comprensión del mundo en el cual vivimos.

Él sabía contar cuentos: de piratas, dragones, tornillos, zurdos y mapas. Tenía una extraña relación con el Ratón Pérez que nos hacía pensar en el tesoro escondido de los dientes cuyo mapa guardaba Nacho en el maletín.

Comenzó su carrera en el fabuloso mundo de la LIJ en 1994, cuando obtuvo el premio Cuento Infantil Juan de la Cabada por revelar la naturaleza de la fantasía en el libro: Las tormentas del mar embotellado. Historias dentro de historias, de igual manera logró introducir un mar mítico en una botella. Poseía la imaginación y la palabra exacta por lo que provocaba el conjuro y establecía el puente que separa la realidad de la ficción, un puente etéreo pero sólido que sólo aparece cuando hay una voz poderosa que subyuga a los escuchas como en Los papeles del dragón típico:

Los papeles del dragón típico

Un dragón típico, habitante habitual de la República Imaginaria, vivía día tras día, trabajando muchísimo: raptaba doncellas, peleaba con héroes, hechizaba magos y por todas partes se escuchaban sus pasos y se veían sus vuelos, las garritas rozaban los pisos: tapa, tapa, tapa, tap… y el mago Merlín corría detrás de él, atendiendo las llamadas y escribiendo los e-mails.

“A pesar de tanto trabajo, era esa la época más dichosa del dragón típico, los demás habitantes de la República Imaginaria lo respetaban, lo temían y lo admiraban. Incluso los ángeles y las hadas le abrían paso cuando lo veían surcar el cielo, o correr por las calles, siempre con prisa y lanzando fuego por la nariz.” (Los papeles 14-15).

Más tarde, vivirá el calvario de la estúpida burocracia cuando, por desgracia, pierda su identificación oficial con fotografía y los sapos del aparato estatal, perniciosos y oficiosos, lo molestarán tanto que el pobre dragón, en un arrebato de locura, se los comerá. En el juicio se hace evidente que no hay documentos que acrediten o demuestren su existencia y así lo mandan al terrible Bosque del exilio. Poco a poco, los sapos oficiosos del mundo burócrata crecen tanto en importancia que son los dueños de la República, y, sin el dragón típico, ya no hay princesas que rescatar, ni príncipes valientes que retar o magos astutos que vencer. Cuando los alarmados habitantes corren a buscar al dragón para que los salve del mundo que han creado “solo alcanzan a ver una nubecilla gris que sale por la chimenea en busca del olvido” (74)

Sí, es un cuento triste y neosubversivo ¡arriba los cuentos irreverentes! Tenemos, adultos y niños, el sagrado derecho a lagrimear. Nos dijo Nacho que “todo es contable”, lo que le abrió infinitas posibilidades.

Los textos de la LIJ que siguieron fueron penetrando en el dominio del carnaval y del nonsense, humor lleno de maracas verbales, divertimentos, crítica del absurdo humano, y ruptura de los límites. Creó así el más puro realismo mágico en Por un tornillo. Más la fantástica parodia científica que provocan carcajadas situacionales en Todos los osos son zurdos y evocaciones borgianas en El hombre que fue un mapa.

elhombre1

Nacho comenzó explorando los viejos cuentos de hadas y propiciando una relectura de ellos, en la línea de Ana María Matute a quien admiraba profundamente y de la que solíamos platicar, evolucionó hasta la parodia de nuestros relatos míticos latinoamericanos y siguió aterrizando en la contemporaneidad: en la exploración de la identidad, de lo que somos y queremos ser.

Y, aprovechó para burlarse de los lenguajes y costumbres del mundo adulto, en la línea antiautoritaria de la LIJ: del enfoque cientificista, de las sociedades secretas, de los discursos de los diferentes grupos que conforman el arcoíris humano. Y es que el humor nos permite ver los temas más solemnes o las cosas más serias de la vida en su justa dimensión. Como nos dijo Nacho: “Todos escribimos un único libro, nuestros libros son sólo capítulos, esto nunca termina.” Pero, ciertamente, él lo hizo desde distintos ángulos. Y también predijo: “En el futuro, la inmensa minoría serán los lectores. Todos iremos con nuestros manuscritos bajo el brazo tras el lector, por un autógrafo.”

Hasta siempre Nacho querido, cómplice absoluto de las gestas infantiles y juveniles, en otro momento hablaremos de tus valiosas traducciones y del teatro. Gracias de corazón por tu presencia, tu apoyo y confianza en nuestra labor. Recordamos lo que nos dijiste y nos comprometemos en ello:

“Estoy preocupado por la promoción de la lectura y por el futuro de nuestros niños.”

“Tenemos que romper con el fetichismo del libro, esa veneración del objeto libro que no se toca, no se raya, no se saca del librero. Tenemos el libro infantil, genera una esperanza.”

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