Recortes y recuerdos sobre Nacho Padilla

 

No hay mayor homenaje para un escritor que recordar sus lecturas, sus contribuciones y las anécdotas junto a él. En esta ocasión los colaboradores de LIJ-Ibero deseamos recordar a un gran amigo, Nacho Padilla, con algunos recortes de sus valiosas aportaciones entorno a la LIJ en México.

Nacho 2

Despedir a una persona que se aprecia y estima siembra muchas añoranzas. Se piensa en todo lo que no se dijo, en las charlas que faltaron, en los proyectos inconclusos, pero creo que, sobre todo, se recuerdan los consejos, las sugerencias, los buenos deseos y los sueños compartidos. Nacho creía con nosotros en la importancia de la lectura y en el valor artístico que debe tener la Literatura Infantil y Juvenil, por eso se convirtió en el primer entusiasta de la revista, estuvo ahí siempre que se lo pedimos, en conferencias, entrevistas, coordinando mesas, ofreciendo clases magistrales y conectando esfuerzos. Gracias amigo y compañero en estas lides de la LIJ, nos quedó en el tintero proponerte para el Premio Iberoamericano de LIJ, seguro que lo ibas a ganar.

-Laura Guerrero Guadarrama

 

Estoy convencida de que los seres fantásticos existen, gracias a nuestra imaginación, sí, pero más que nada, a nuestra fe en ellos. ¿Qué tal que al abandonar nuestro cuerpo nos convertimos en peligrosas dríades, alegres leprechauns, dragones apestosos o en cualquier criatura de nuestra preferencia? La magia que habita entre la mente y la literatura es la que despierta en nosotros esa fe, ese anhelo de no sentirnos solos en nuestro mundo demasiado humano. Por lo tanto, creo firmemente en que Nacho Padilla sigue compartiendo el mismo aire con nosotros: dejó atrás su papel humano para experimentar en espíritu propio la existencia de aquellos seres en los que creía y de aquellos que salían de su mano. Invitémoslo a la próxima aventura y travesura, se nos unirá con gusto.

-Perla Sueiras

 

La grandeza de Nacho consistió en hacernos sentir que estábamos a su nivel. Adiós, gran Maestro; adiós, persona grande; adiós, gran Mentor. Gracias Nacho.

-Enrique Palafox

Imagen Nacho Padilla
Foto: Emilio Vásquez

Nacho ha sido el único autor infantil en quien me he reconocido desde mi zurdez. La Ley Rulo de la Rompitud de las Cosas fue mi primer acercamiento orgulloso y lúdico a esta naturaleza mía de hacer y mirar las cosas chueco. Así fue como lo conocí. Luego nos apoyó a otro profesor y a mí como juez de un concurso de creación literaria filológica en la FFyL-UNAM que quisimos hacer para incentivar a los alumnitos; lo entrevisté para saber su posición respecto a la crítica sobre literatura infantil y juvenil y él invitó las papas; nos apoyó a tres compañeras egresadas y a mí como ponente de las primeras Jornadas LIJeras de la FFyL “José Martí” en donde nos compartió sus muchos conocimientos sobre las madrastras y los ogros.

Un par de años después, entré a la maestría y ya pude escogerlo oficialmente como mi maestro. En una ocasión, estábamos platicando sobre los mementos (objetos que cargan con kilos y kilos de recuerdos) y, entonces, salieron a colación sus famosas libretitas rojas. Esa vez dijo entre risas: “Cuando sea estúpidamente famoso, estas libretas valdrán miles de pesos”… Es curioso, cada vez que me acuerdo de él (y lo hago diario), lo primero que aparece es el sonido de su voz, grave y un tanto arrulladora, su sonrisa pícara (que se coludía con sus cejitas puntiagudas) y esa extraño sonido que hacía con la garganta, como si tragara saliva y exhalara por la nariz. Todo al mismo tiempo.

-Áurea Xaydé Esquivel

Nunca me han gustado las despedidas prolongadas. Algunas despedidas forman parte de nuestra vida ordinaria, nos acostumbramos a ellas. Nos acostumbramos a la gente que comparte cotidianamente nuestros espacios porque tenemos la ingenua e inconsciente certeza de volver a verlas y cruzarnos con ellas al día siguiente o en los venideros pues tendremos un encuentro nuevamente. Hay despedidas que marcan distancia entre las personas que queremos, pienso cuando uno se va de casa, al comenzar un viaje, o después de visitar a la familia que vive en otra ciudad, pero igual tenemos una sensación: una ida generalmente implica también un regreso, como todo camino del héroe.

Sin embargo, hay despedidas que duelen más, las que desgarran, las que no alcanzan las palabras para describir el vacío abierto en un abismo, la espesa brea que se pega, el nudo atorado en la garganta. Es el encuentro con el duelo y con la muerte, a veces ya vislumbrada, a veces repentina y sorpresiva. Así te fuiste Nacho, en la fugacidad de lo que dura la llama de un encendedor, con la impotencia de decirte un adiós. Te has ido y el único regreso posible tuyo serán tus historias, el eco de las voces selladas en tu escritura, el murmullo del viento que roza a una acacia.

‒Alejandro Vergil

Hasta siempre Ignacio Padilla

 

*Diseño Imagen Portada: Enrique Palafox

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