El ‘dahlinario’

(Carol Dalva)

Cada cien años es llamado ‘centenario’, pero el aniversario del nacimiento de uno de los cuenta cuentos que dejó huella en la mayoría de los niños considerando ese lapso de tiempo este 13 de septiembre, yo lo llamo ‘dahlinario’. Adivinaron, se trata de Roald Dahl. ¿Cuál fue el secreto de su éxito? Conspirar con los niños en contra de los adultos.

El mundo de los niños está repleto de fantasía e imaginación en la que los elementos literarios son indispensables. Sin embargo, al enfrentarse con la realidad un miedo inconmensurable los invade, pues no saben cómo lidiar con ella. Ahí es cuando la literatura infantil viene al rescate enseñándoles mediante anécdotas hechas ficción que cualquier obstáculo se puede vencer, si uno encuentra la fuerza en su interior. Muchos de los personajes infantiles que creó Roald Dahl están solos o no son felices con los adultos que los rodean.

Dahl, por ejemplo, tomó la experiencia que vivió en un internado para crear Matilda, una de sus obras más queridas y recordadas por muchos niños. Algunos de éstos hoy en día ya son adultos y nostálgicamente se sientan frente a su televisor para ver la versión cinematográfica de esta historia. En este caso, como bien escribió Dahl, los libros le dieron un mensaje de aliento y confianza a Matilda: ‘No estás sola’. Con este mensaje la niña halló la fuerza que le permitió usar sus poderes para ahuyentar a la Señorita Trunchbull de la escuela. Además, Matilda logró deshacerse de una familia que la consideraba extraña para obtener en cambio el cariño de una madre cuando su querida Maestra Honey la adopta.

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En James y el Melocotón Gigante, otra historia de Dahl también adaptada al cine, James halló la fuerza en su interior para ahuyentar a sus dos tías que eran todo menos amables con él. Como consecuencia, el niño creó una familia digna formada por los insectos gigantes que habitaban el melocotón. Por otro lado, el protagonista de Las Brujas, cuyo nombre nunca es mencionado, huérfano a raíz del accidente de sus padres es criado bajo la tutela de su abuela quien lo protege de las brujas. Esta historia, también, involucra un ‘robo’ de infancia por parte de este grupo de señoras con poderes sobrenaturales que convierten al niño en un ratón. Sin embargo, el niño (ahora ratón) aprende una valiosa lección: “No importa quién seas o cómo luzcas mientras haya alguien que te ame”. Otro ejemplo es Willy Wonka, el excéntrico chocolatero de Charlie y la Fábrica de Chocolate. Tanto en la historia publicada por Dahl como en sus respectivas adaptaciones al cine, Wonka se deshace de cuatro de los cinco niños invitados a visitar su fábrica hasta quedarse con Charlie, el niño más humilde.

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¿A dónde quiero llegar con estos ejemplos literarios? La felicidad es también un derecho para los niños, pero que los adultos, sin darse cuenta, de alguna u otra manera han obstruido su desarrollo. Los niños descubren el concepto de felicidad prácticamente desde el primer contacto con sus padres. El más mínimo descuido, es tomado en automático como un rechazo y afecta el autoestima del niño. Aquí es donde la literatura infantil, específicamente la de Dahl, viene ‘al rescate’.

Dahl ha ejemplificado en sus escritos los diferentes tipos de obstáculos que impiden la felicidad de los niños: violencia psicológica, e incluso física, así como, menosprecio hacia sus habilidades y sueños. Los personajes de Dahl son el vivo ejemplo de la forma en la que los niños son afectados por el rechazo de los adultos y la obstrucción de su felicidad. El autor narra y dibuja de forma casi gráfica el dolor, la tristeza, la soledad, entre otros elementos. Es común que los adultos consideren ‘cruel’ la narrativa Dahl, pero los niños la conciben de forma diferente, pues, el autor crea en ellos un lazo de empatía que les permite sentirse mejor consigo mismos.

En el universo literario existen muchos escritores considerados como una ‘excepción’ debido a la forma en la que vivieron su infancia y la manera en la que la plasmaban en sus escritos. Estos autores se refugiaron en la literatura como su pasaporte a la felicidad, dado que los personajes de las obras que leían les decían: ‘Yo sé cómo te sientes’. Son precisamente los ‘ratones de biblioteca’, como los llamamos coloquialmente, quienes leen desde niños o desde adolescentes a escritores como Dahl y saben lo que significa ser felices, pues con cada historia, anécdota, aventura o experiencia vivida en un libro lograron hacerles sonreír.

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