Nuevos personajes olvidados: Entrevista a Adolfo Córdova sobre El dragón blanco y otros personajes olvidados

(Ana Fortoul y Cutzi L. M. Quezada)

Todos hemos escuchado de Alicia recorriendo el país de las maravillas, de Pinocho que se volvio un niño real, de Atreyu recorriendo Fantasia buscando una cura para la Emperatriz Infantil, de Peter Pan luchando contra el Capitán Garfio. Esos personajes que conocemos tan bien son los protagonistas de los relatos, pero ellos solos nunca podrían llevar a cabo sus aventuras y experiencias. Necesitan de los personajes secundarios para poder cumplir con su misión o su viaje. Pero, ¿quiénes son los personajes secundarios? ¿De dónde vienen?

En el libro El dragón blanco y otros personajes olvidados, Adolfo Córdova explora a los personajes secundarios de seis historias y les crea su propio relato, eso son los personajes olvidados. Los textos son aacompañados por ilustraciones de Riki Blanco. De esta forma se nos cuenta la historia del Rey Mono de el maravilloso Mago de Oz, La niña de pelo turquesa de Las aventuras de Pinocho, El Gato de Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas, de los niños perdidos y los hermanos Darling de Peter Pan, El rey Cisne de Los cisnes salvajes y Fujur de La historia interminable.

Las seis narraciones redimensionan a esos personajes secundarios volviendolos los protagonistas de sus propios relatos. En todos los cuentos, menos en “El destino de los niños perdidos” y “El rey Cisne” los acontecimientos relatados por Córdova suceden antes de las historias originales y explican como los personajes llegaron a ser lo que los héroes de su diégesis luego conocieron. Sin embargo, en las otros dos cuentos, vemos las consecuencias que tuvieron en esos personajes lo que sucedió con el héroe.

Pero para poder crear las historias de estos personajes olvidados, el autor también creo a sus personajes secundarios que parecen pasar desapercibidos a lo largo de las narraciones. Al crear estos nuevos héroes, también se condena a otros seres a pasar a un segundo plano. Parece que no podemos prescindir de estos personajes, siempre habra alguien que pase inapersivido y que el lector olvide poco después de leer una novela. Acerca de los personajes olvidados, Adolfo Córdova dijo en una entrevista para LIJ Ibero.

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¿Cómo te surge la idea de escribir sobre los personajes secundarios de los clásicos de la LIJ?

Adolfo Córdova (AC): Siempre me han interesado más los secundarios que los protagonistas. (Soy de los que en un concierto prefiere ver a los coristas, ¡la pasan tan bien!, que al cantante principal.) Los escritores construyen muy bien a sus secundarios porque son clave para hacer brillar u opacar –por un momento- al héroe, lo ponen a prueba o incluso le salvan la vida. Desde chico fui coleccionando esos personajes, los que tienen menos tiempo para conquistarnos o nos dejan con más preguntas. Los monos con alas de El mago de Oz me inquietaban mucho, no estaba seguro si eran buenos o malos; la Hermosa Niña de Pelo Turquesa de Las aventuras de Pinocho era tan distinta al hada azul de la película de Disney; cualquier personaje secundario de Alicia en el país de las maravillas me atraía más que la niña (por mucho que disfrutara ir con ella, descubriendo ese mundo, sentía que Alicia era más una guía); siempre me pregunté si en verdad los Niños Perdidos de Peter Pan se habían vuelto adultos aburridos después de ser adoptados por los papás de Wendy (me desilusionaba mucho esa final); también quería averiguar qué había sido del príncipe más pequeño de “Los cisnes salvajes”, el condenado a vivir para siempre con un ala de cisne, me daba terror… y así. En definitiva, los secundarios nos guiñan un ojo para que les inventemos los pasados o futuros que queramos,  han sido un mecanismo de extensión narrativa muy recurrido en la historia de la literatura (algo que en sí mismo también me resulta fascinante).

¿Cuál fue tu proceso para adentrarte a cada uno de los personajes ‘olvidados’? ¿En verdad son personajes olvidados?

AC: Bueno, es que “olvidado” es un adjetivo menos preciso pero más romántico que “secundario”, que fue el que utilicé originalmente en el proyecto, en 2013, cuando obtuve la beca Jóvenes Creadores del FONCA. Como después seguí trabajando el libro con miras a publicarlo, lo mandé al Premio Bellas Artes de Cuento Infantil en 2015 y cambié la connotación más teórica de “secundarios” por esta más dramática. Pero claro que los lectores recuerdan al Gato de Cheshire o al dragón blanco de la suerte de La historia interminable, no están realmente olvidados. Lo que se olvida muchas veces son las obras originales, los autores, y por eso para mí era importante que el libro expusiera abiertamente su intertextualidad, que, de hecho, fuera necesaria para cerrar los cuentos. Por eso cada cuento termina con un fragmento del libro original donde las historias se encuentran.

Había otro sentido de “olvidado” o “secundario” para mí, vinculado a los propios lectores, niños, niñas y jóvenes y, en particular, los adolescentes, que están en ese limbo en el que no se sabe bien cuál es su lugar, cómo tratarlos. Los secundarios son un poco así y el tono de mis cuentos, aunque abreve de personajes del imaginario infantil, habla más a adolescentes y jóvenes que a niños.

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Igual sí creo que muchos de los personajes que elegí suelen ser recordados casi siempre en función del héroe o están ya muy desdibujados en nuestra memoria. Quizá recordamos a los Niños Perdidos, pero, ¿sus nombres? O quizá del Alado Rey Mono sólo tenemos la imagen de alguna adaptación del Mago de Oz. Puedes recordar un nombre o un cuerpo, como cuando guardas el recorte de una revista, plano y descolorido, pero no hay mucha vida en ese recuerdo. Yo quería darles más tiempo, cambiar las jerarquías, que dejaran de ser satélites, volverlos pequeños planetas.

Para ello releí las obras originales y releí y releí los fragmentos específicos donde aparecían los personajes. Hice una pequeña hoja de datos de cada uno de ellos con la información que el escritor había dado sobre sus vidas y algunas anotaciones sobre el funcionamiento de los mundos fantásticos en los que habitaban. Trabajé siempre personaje por personaje (en eso me ayudó mucho el orden que había propuesto para la beca del FONCA). En general todos los cuentos eran mucho más largos. Era necesario describirlos bien para conocerlos mejor. Ya luego en el largo proceso de relectura y edición fui afinando. No quería que fueran héroes, quería que conservaran ese carácter inacabado, ambiguo, explorar un no-viaje del héroe, una especie de viaje de secundario que sólo puede completarse si se lee el original. Tal vez sólo en el caso del cuento “El Rey Cisne”, el personaje sí tiene un desarrollo más clásico. Es mi “patito feo” del libro, pero también el cuento más personal, el que me resultó más catártico.

En algunos de tus cuentos, como “El gato en el tren de pensamiento”, tanto los personajes como el estilo hace referencia a un cuento clásico ¿Qué tan difícil fue mantener los perfiles del personajes originales y, en su caso, el estilo?

AC: Fue muy difícil. Me costó muchísimo trabajo terminarlos y respetar los perfiles. De hecho, terminé descartando un par de cuentos con personajes que no logré cuadrar con el original sin que se sintieran forzados. Fueron relativamente más fáciles los dos cuentos del “después de”: después de que Elisa rompe el hechizo de los hermanos cisnes y uno queda con el brazo emplumado y después de que los Niños Perdidos crecen. Los cuatro cuentos que plantean el “antes de”, antes de que el mono con alas conociera a Dorothy, antes de que el hada ayudara a Pinocho, antes de que Alicia encontrará al Gato y antes de que Atreyu salvara a Fújur, fueron técnicamente más difíciles porque debían terminar en el momento exacto en el que se encuentran con el protagonista. Sólo con el mono hice una excepción porque me parecía que también era interesante que no se enlazaran y plantear pasados más remotos.

Con respecto al tono y al estilo, lo que hice fue utilizar recursos literarios que también se correspondieran con los textos originales (humor absurdo, descripciones románticas, metáforas típicas del cuento de hadas, etc.) y respeté las atmósferas y los paisajes para intentar recrear los territorios fantásticos originales. Tanto como proponer una segunda vida al secundario, tenía ganas de volver a Oz, al País de las Maravillas, a Nunca Jamás, a los bosques de Pinocho y de Andersen y a Fantasía, y convencer a otros de que realmente habían vuelto.

***

Ana Fortoul nació en la Ciudad de México. Estudió en el Liceo Franco Mexicano. Actualmente cursa la licenciatura en Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana donde realiza sus prácticas profesionales en la Revista LIJ Ibero.

Cutzi L. M. Quezada es licenciada en Letras Iberoamericanas (UCSJ). Estudió el Máster en Didáctica de una Lengua Extranjera, así como, la Maestría en Lenguas y Literaturas Europeas, Americanas y Postcoloniales en la Università Ca’Foscari di Venezia. Actualmente, en la Universidad Iberoamericana realiza una investigación doctoral sobre el fomento a la lectura en México y el libro álbum metaficcional. Además, es coordinadora del Blog ReLIJ-Ibero, mediadora de lectura (PNSL, Secretaria de Cultura) y coordinadora del Diplomado en Literatura Infantil y Juvenil (UIA).

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